La Segunda Guerra Mundial no la ganaron solo los grandes ejyeacute;rcitos en las batallas que llenan los libros de texto. Tambiyeacute;n la decidieron, muchas veces en la sombra, hombres dispuestos a jugarse la vida en operaciones de riesgo extremo: comandos que remaban de noche hacia puertos enemigos, pilotos entrenados para estrellarse contra un barco, saboteadores que se internaban en territorio ocupado conscientes de que las probabilidades de volver eran myiacute;nimas. Misiones Suicidas de la II Guerra Mundial reyuacute;ne esos episodios, del Pacyiacute;fico a los fiordos noruegos, de Creta a Praga, donde el valor, el fanatismo y la desesperaciyoacute;n empujaban a soldados de todos os bandos hasta el lyiacute;mite. El libro no se detiene en las batallas myaacute;s conocidas, sino en quienes las hicieron posibles: los pilotos kamikaze educados para morir con honor, los saboteadores que retrasaron la bomba atyoacute;mica alemana, el comando que rescatyoacute; a Mussolini o el que dio caza a Heydrich, el verdugo de Praga. Episodios que apenas figuran en los relatos generales de la guerra, pero que marcaron su curso. Un grupo de historiadores y periodistas especializados firma cada capyiacute;tulo, con el rigor documental del especialista y la claridad de un buen relato. El resultado es un libro coral, que une el dato preciso con una lectura yaacute;gil y que ilumina un territorio de la Segunda Guerra Mundial donde el valor y la locura se confunden. Una cryoacute;nica del arrojo y el fatalismo que devuelve el rostro humano a quienes lo arriesgaron todo.