En este libro, la voz poética interpela al lector y lo convoca como testigo de su deseo: un hambre que exige ser atestiguada en su dimensión más íntima y vulnerable, allí donde el deseo transgrede la norma. En ocasiones, esa hambre adquiere una tonalidad caníbal; en otras, se manifiesta como un impulso que fija la mirada en un yo que desgarra su propia piel y sus músculos, convirtiendo el hambre edípica en espectáculo. A lo largo del recorrido por la sensibilidad y la psique de la voz poética, el hambre emerge como un imperativo espiritual que desplaza el poema hacia el ámbito de la mística entendida como experiencia de reconocimiento, entrega y fusión con el otro o hacia la animalidad del cuerpo, donde el hambre se presenta simultáneamente como instinto y mitología. Las hambres, pues, elabora una propuesta poética arriesgada, anclada en una sensibilidad homoerótica que explora las zonas más instintivas del deseo y del cuerpo. En ese territorio, la voz poética hace del cuerpo y de su apetito una vía de conocimiento, de exposición y, finalmente, de posible redención.
«La voz poética de Las hambres se mueve entre lo sutil y lo violento sin titubeos. Con un lirismo que bebe de las prácticas del BDSM, enuncia la carne como un territorio abierto al placer y al juego. Este poemario clama por un lector que atestigüe cómo el erotismo y la violencia se encuentran cuando la palabra nombra por primera vez, sin pudor y con gran belleza, eso que se pensaba tabú».