Hugo llega a Madrid con veinticuatro años, tres maletas y Tinder recién instalado, decidido a rellenar un vacío que atribuye a la falta de novio. Comparte piso con Iran, Valentina y Carmen, tres desconocidas con las que empieza a compartir mucho más que gastos. Entre citas desastrosas, pollas con nombre propio y rupturas ajenas, Hugo somatiza cada tropiezo hasta entender, veintitrés capítulos después, que lo que buscaba ya lo tenía delante: ellas.