En el palacete neogótico del Madrid de los Austrias, los marqueses de Cervina llevan décadas sobreviviendo a lo que el resto llama crisis y ellos prefieren llamar contratiempos. El edificio se cae a pedazos. El patrimonio se evapora. Y la Ley de Memoria Democrática amenaza con abrir armarios que llevan años cerrados con llave.
La heredera menos esperada de la saga lo observa todo desde el margen. La Menina nació en el lugar equivocado de un árbol genealógico que nunca supo qué hacer con ella, y tiene la lengua más afilada del linaje. Aprendió temprano que cuando no tienes la gracia ni el aspecto que se te exige, te queda algo mejor: saber exactamente lo que los demás quieren ocultar.
Cuando un retrato del tatarabuelo pasa de valer unos pocos miles a muchos millones, la saga tiene su tabla de salvación. Alguien quiere arrebatársela. Y nadie ha contado con ella.
No subestimes a esta Menina. No sale a cuenta.