Cuando Nicolas Bouvier llega a Japón en 1955, el país ha dejado atrás la derrota de la guerra, pero aún conserva un pulso rural, austero y ensimismado. Siguiendo la estela de su admirado Matsuo Basho, Bouvier recorre el país a pie siempre que puede, atento a los gestos mínimos, a los silencios y a la extrañeza cotidiana. Su prosa, precisa y sin concesiones, evita el exotismo y transforma el viaje en un ejercicio de mirada y escucha.
Japón será el «fin de viaje» de la larga travesía iniciada dos años antes desde Yugoslavia junto con su amigo Thierry Vernet. Instalado primero en Tokio y más tarde errante durante meses por distintas regiones, Bouvier regresará una década después con su mujer y su hijo. De esa doble experiencia el descubrimiento y la mirada ya templada del regreso nace «Crónica japonesa»: un libro atravesado por el humor, la finura y la poética del haiku, que invita a adentrarse en la magia y la melancolía de una cultura milenaria.